Crónicas de la educación chilena: Capítulo uno “Desesperación”

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Oscar Fuentes Humeres Vocero Asamblea Territorial Nororiente San Felipe

En un país llamado Chile el burro es rey, y nos condena a todos a la desesperación del mañana.

Durante el último tiempo, la pandemia del COVID-19 ha eclipsado la emergente lucha social que se ha levantado desde distintos puntos del país, a partir de la Rebelión Popular de octubre. No obstante, la pandemia llegó a frenar -en cierta medida- la organización popular y le permitió al gobierno (y al mundo político tradicional) un respiro en su disciplicente semblante. En el plano educativo, desde la suspensión de las clases, los docentes nos hemos encontrado en un panorama social completamente distinto al conocido. Hemos reflexionado constantemente sobre nuestro quehacer educativo, el impacto de nuestra profesión en familias y estudiantes y determinar que la escuela no puede llevarse al hogar.

El MINEDUC, órgano que durante el último tiempo se especializa en soberbia educativa, nos ha mostrado en múltiples opotunidades durante esta crisis sanitaria que el eje central de sus decisiones no están en la comunidad educativa. La indolencia de Figueroa frente al necio llamado al retorno escolar, es un claro grito de desesperación por ser noticia, por figurar. Sin embargo, la tozudez nuevamente reina entre tanto pánico. La noticia de la aplicación de pruebas SIMCE ha repercutido negativamente en el gremio, lo que deja en evidencia el nivel de torpeza de la autoridad. ¿Cómo esperan esto tecnócratas gubernamentales que se aplique una prueba de medición en un proceso de crisis? ¿Acaso saben cómo se ha realizado el trabajo con los estudiantes durante estos meses? No, la respuesta sigue y seguirá siendo no.

No podemos permitir, como docentes y ciudadanos políticamente activos de esta sociedad, que los fondos públicos presupuestados sean utilizados de mala manera en instancias críticas. Es imposible inducir un proceso educativo “normal” cuando la desigualdad de nuestro sistema toca la puerta constantemente. No es posible colocar la dignidad ni la igualdad en una caja, ni menos habilitar páginas de internet cuando la pobreza nos rodea. ¿Qué saben ellos sobre las necesidades de nuestra gente?  Tengo estudiantes que sufren episodios de ansiedad y estrés, mientras que la instrucción del Ministerio es seguir trabajando mediante los contenidos y objetivos. ¿En qué momento nos ocupamos de la contención? Como docente nobel he colocado en el centro del llamado, el mensaje por correo o whatsapp, la videollamada o el contacto con padres/apoderados/estudiantes, palabras de aliento y de contención. No me importa si no pueden conectarse a una clase por distintos factores. Tampoco me importa que no envíen algún trabajo en las fechas acordadas. Nada de eso tiene sentido ahora y debemos reconocerlo. Hoy me interesa cómo está mi estudiante, cómo está su familia. Es necesario seguir desarrollando el factor emocional en nuestra labor educativa, ser empáticos y comprometidos. Basta ya de adorar un curriculum segregador. Es momento de cambiarlo todo.

Si luego de esta pandemia esto contínua igual, es que no hemos aprendido nada.

¡ME VALEN TUS OAS! ¡ME INTERESA TU SALUD Y TU TRANQUILIDAD!