Llegó Amaranto, pero nunca los tiempos mejores

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A partir del 11 de marzo de 2018 Chile comenzó a cifrarse varias expectativas con la llegada de Sebastián Piñera a la presidencia que buscó transformarse en una instancia diferente en estos últimos 30 años ante todos los demás gobiernos democráticos incluídos el que realizó entre el 2010 y 2014 denominándolo como “Tiempos Mejores”.
Han pasado muchas cosas desde aquel inicio que comenzó con los despidos masivos en el sector público, a los que calificó de “grasa”, con fuerte represión a demandas sociales, represión a los mapuches que desemboca con el asesinato de su comunero Camilo Catrillanca con encubrimiento de parte del propio gobierno y alta oficialidad de carabineros, descubrimientos en fraudes al interior a ramas castrenses y policiales, salvatajes a grupos de control económico,hasta llegar a una recta final con el estallido social de octubre y ahora las faltas de políticas públicas para enfrentar la pandemia del COVID 19.
El ejecutivo bajo la mano de Piñera ha venido actuando en función de retomar la gobernabilidad y ya no por mera lealtad ideológica, sino que ahora suma una nueva estrategia que es aprovechar el momento que vive el país por efectos del coronavirus, con todas las medidas adoptadas y a juzgar por sus hechos, han resultado un profundo fracaso o sino les invitamos a revisar las estadísticas, porque en Chile no hay políticas públicas que ofrezcan garantías a nuestros habitantes partiendo por la salud, donde tienen a sus trabajadores en sus distintos estamentos colapsados y sin recursos.
Hambre, miseria y cesantía son los primeros síntomas que enfrenta nuestra sociedad, cuando las poblaciones han visto en aumento las ollas comunes que por el momento son mayormente en los fines de semanas y la cesantía que arrecia con gran fuerza sin que los vecinos puedan acceder a un ingreso digno para gastarlo en sus consumos básicos, mientras el gobierno juega con la disposición y repartición de la dos y medio millón de cajas de mercadería.
Cuando la ciudadanía presiona los gobiernos cambian sus prioridades y en este aspecto todos hemos sido testigos de que los anuncios hechos desde La Moneda no necesariamente satisfacen las demandas ciudadanas, por no existir sintonía con el pueblo. Además no podemos obviar que el presidente Piñera inmediatamente asumido al poder ofreció puestos de trabajo y ello nunca fue así, entonces perdió credibilidad desde sus inicios de este segundo período.
En Aconcagua la experiencia no es distinta, es complicado saber cómo enfrentar este momento porque de a poco va surgiendo la exaltación social, una crisis de autoridad evidente se está dando en todos los niveles y porque se lanzan propuestas de reformas que están en marcha y son muy complejas de diseñar e implementar y eso nuestra zona lo sabe cuando sus principales centros administrativos se colman de gente demandando solución a sus problemas socioeconómicos que nunca llegan.
Mientras en Chile se habla de necesidades, el gobierno compra armamentos para reprimir las manifestaciones con carros lanza aguas y buques de guerra, gastando una millonada de dólares por un lado y busca resolver crisis económica de Latam por el otro, mientras en lo social no fueron capaces de suspender el cobro del Crédito con Aval del Estado a través de su clase parlamentaria y sus eternos amigos que también aparecen en la oposición. O sea estamos al frente de un gobierno contradictorio en todo ámbito, todo ello con la concomitancia de quienes les gusta el poder político y económico.
A la distancia se puede ver a un gobierno aislado de la gente y que los economistas de siempre, ex presidentes de bancos, ex ministros de hacienda, le buscan una salida a la crisis y aprovechan en su rango tecnócrata y tratan de tocar la fibra sensible de algunos dirigentes de la ex Concertación para ver si los seducen y visualizan una reactivación económica, olvidando por completo las demandas sociales exigidas por años por el pueblo chileno, incluido el estallido social de octubre.

Ricardo Covarrubias
Vocero Todas y Todos por Aconcagua