El Fantasma de la Concertación.

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Carlos Miranda Rozas. Sociólogo, Magister y candidato a doctor en Historia

El estallido social iniciado en octubre de 2019, que desestructuró por completo los discursos complacientes respecto del éxito del modelo chileno, fue un hito histórico que a no dudarlo, cambió de forma definitiva el panorama político chileno.

Pese a que los procesos abiertos por el estallido están, aún en desarrollo, es pertinente hacer un breve balance, pero fundamentalmente, considero necesario reflexionar en torno a un peligro que puede terminar mutilando la fuerza rupturista y refundacional del estallido.

Con respecto al balance, creo que son 4 los elementos fundamentales a considerar: en primer lugar el estallido social puso fin al proyecto de profundización neoliberal que impulsaba el segundo mandato de Sebastián Piñera. Dicho en otros términos, la revuelta impidió, seguir afinando un modelo basado en el abuso y en favorecer de forma descarada los intereses del gran empresariado. Un ejemplo claro de ello, es el abandono del proyecto de reforma tributaria y su modificación por una ley, que no contempló los mecanismos más regresivos del proyecto inicial; otro ejemplo es el abandono en el corto plazo de la votación del TPP – 11.

Otro elemento significativo es la multiplicación de voces que proponen cambios significativos al modelo, posesionándose en el discurso público legitimo de nuestra sociedad. Las ideas de No + AFP, nueva Constitución, fin al CAE, etc. se han instalado con fuerza en el imaginario colectivo de nuestro país. Lo relevante en este sentido, es que incluso sectores de derecha se ha sumado algunas de esas demandas.

Otra consecuencia importante que trajo el estallido se refiere a la pequeña ampliación de los mecanismos de protección social que se ha implementado. Un ejemplo de ello es el aumento de la pensión mínima.

Asimismo un elemento fundamental que posibilitó el estallido, se refiere a la instalación de un calendario que abre la posibilidad de cambiar la Constitución heredada de la dictadura y que es el principal amarre para realizar cambios significativos al modelo

Por último, pero a mi juicio lo más importante, el estallido potenció una desarticulación completa de la hegemonía ideológica neoliberal. El eslogan Chile despertó, resume muy bien esa idea. Una inmensa mayoría de chilenos y chilenas, ya no comparte las premisas ideológicas que sustentaron el neoliberalismo durante más de 4 décadas.

Podría decirse que en el corto plazo, el balance es positivo, sin embargo, el despertar chileno, no ha conseguido la materialización de cambios relevantes al modelo neoliberal, impuesto en dictadura y continuado en democracia. Ante ello considero que la posibilidad de que esos cambios se concreten aún está vigente, sobre todo tomando en cuenta las altas probabilidades de que gane la opción APRUEBO en el plebiscito programado para el 25 de octubre. Pero ello no asegura mecánicamente un giro radical del modelo chileno, porque, para ello, debe sortearse primero el gran obstáculo que significa la casi absoluta inexistencia de organizaciones y programas políticos que susciten una apoyo mayoritario de la población. Ello se refleja en el plano de los liderazgos en que las encuestas las sigue liderando Lavín.

De mantenerse dicha situación se corre el enorme riesgo de que las los cambios que moldeen el nuevo Chile, se produzcan por el acuerdo cupular de unos pocos partidos acostumbrados a las cocinas a espaldas de la gente y que las reformas que se implementen sean solo cosméticas y el abuso, la colusión y el lucro con los derechos sociales continúe por mucho tiempo. Es decir, se corre el peligro de que se repita lo obrado por la Concertación, que a partir de 1990 introdujo cambios cosméticos al modelo, pero mantuvo intactas sus bases.  El acuerdo constitucional del 15 de noviembre firmado a espaldas de la gente por las cúpulas de la derecha, la ex Concertación y algunos partidos del Frente Amplio es un precedente peligroso, no por su contenido, que posee algunos aspectos rescatables, sino porque muestra que la ex Concertación, al igual que desde fines de los 80, está dispuesta a negociar pequeñas reformas con la derecha, que puedan traer superficiales mejoras en el corto plazo, pero que perpetúen un modelo que no logra resolver las profundas desigualdades existentes en nuestro país.  

Para conjurar ese peligro, debemos hacer un esfuerzo gigantesco de organización y de unidad sin sectarismos, ni purismos con todos los grupos anti-neoliberales y reconquistar, utilizando todos los medios a nuestro alcance, a aquellos sectores desencantados con la política y que no le creen a nadie. Creo que de ello depende que el fantasma de la Concertación no reviva para frustrar nuevamente las esperanzas de construir un Chile más justo y amigable con el medio ambiente.

1 COMENTARIO

  1. Comparto la idea sobre el avance significativo en el debate ideológico; opino que en un par de meses, los trabajadores y el pueblo aprendieron más, sobre las caracteristicas de la dominación, que en los años anteriores.
    También comparto la necesidad de la unidad de las fuerzas anti neoliberales, tanto de los que se incorporan hoy, como aquellos que acumulan años y décadas de lucha.

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