“Un perdido” de Eduardo Barrios.

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Lo interesante aparece con la relectura. Entre sus páginas aún tiene un boleto j.m. “Un perdido”, hermoso título. Eduardo Barrios en 1918, pocos años después de la publicación de “El niño que enloqueció de amor” un pequeño universo infantil trastornado por una atracción inexplicable y obsesiva. Al contario del “el niño que…”, “un perdido” es una novela rebosante en páginas. Nos presenta la historia, a modo de biografía de Luis Bernales. Una desventura de principio a fin. Un condenado a la mala fortuna.

                En “un perdido”, se intensifica la personalidad sensible e incomprendida del ”niño que…”. Luis Bernales (personaje con familia en San Felipe) se hace consiente de su desgraciada condena y pierde la voluntad, y se dedica a la derrota, al pesimismo. Consciente de su falta de oportunidades; se ve decepcionado por el amor, basureado por las instituciones, abandonado y olvidado. Busca refugio en sujetos que completen su mundo miserable. Delincuentes, prostitutas, los más bajos vicios abrazaron a Bernales.

                Volver a empezar no es para Bernales. Pararse y salir adelante no significa nada para el olvidado. Esta seguro de su inevitable derrota. Que la culpa de sus desgracias no está en sus manos. Siempre será apabullado por el que está arriba. Y por eso no se puede hacer nada.

Sin duda es una novela de pionero. El tratamiento psicológico del personaje y su aplicación como tópico literario tiene un desarrollo posterior. Novela de personaje para un relato criollista. Y Barrios lo hace de manera magistral. Pese a ser un relato sórdido, que revuelve las tripas. Hace que lector empatice con las desgracias de Bernales. Un pobre muchacho sentimental, incapaz de toda lucha. Que divaga hermosas reflexiones.

-“El sentido de la vida es para cada cual diferente. Y no tiene de verdad más que la verdad de nuestro propio corazón. Conserva tu corazón bueno, recto y leal contigo mismo; no lo lleves adonde se encuentre aprisionado. Y sobre todo vive contento de ti. Sobra motivo. Y aunque Adán haya dicho eso y aunque tu padre suela decir algo parecido, vales mucho; tanto, que yo me inclino a quererte más cada día. ¿Estás contenta ahora?”

 A un poco más de cien años de su publicación, la novela resultó ser mucho más que el drama de un sometido por las pasiones.