AÚN NO TENEMOS MINISTRA

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Poco más de dos años han pasado desde el inicio del segundo mandato de Sebastián Piñera, gobierno que ha demostrado en innumerables ocasiones su disociación con el mundo social y sus demandas. Por eso, no es de extrañar, que su visión sobre rol de las mujeres en la sociedad responda a paradigmas que reproducen condiciones y estereotipos, que nos han mantenido en una posición de subordinación y explotación.

Durante el año 2016, se logra poner en marcha el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, encabezado por Claudia Pascual, que avanza en diferentes proyectos e iniciativas de derechos para las mujeres, siendo uno de los más emblemáticos, la promulgación de la Ley de aborto en tres causales.

Así, tras la reinstalación de la derecha en Chile, asume el Ministerio Isabel Plá, altamente cuestionada no solo por sus críticas al movimiento feminista y de mujeres, sino que por el nulo rol que jugó durante el estallido social, ante las diversas denuncias de violaciones de derechos humanos, muchas de carácter sexual durante el mismo.

Luego de su renuncia y tras meses de silencio, haciendo evidente la nula preocupación del Gobierno por el avance de las políticas públicas en pos de los derechos de las mujeres, Sebastián Piñera insiste en mantener la cartera en manos de la UDI, nombrando a Macarena Santelices.

 Conocida defensora de la dictadura militar y negacionista de las violaciones de derechos humanos, que a 35 días de asumir su cargo, renuncia afirmando que “la defensa de las mujeres no tiene color político”.  Obviando, una vez más, el papel que juega el capitalismo en alianza con el patriarcado en la explotación de las mujeres y cuerpos feminizados, especialmente de sectores populares y migrantes por solo nombrar algunos ejemplos.

Esta declaración muestra la profunda lucha ideológica que ha instalado la derecha con el desmantelamiento de la institucionalidad y de retrocesos en las políticas públicas en pos de los derechos de las mujeres. Como por ejemplo, la controversial campaña antiviolencia, con un spot publicitario que pone acento en el violentador y su capacidad de arrepentimiento, invisibilizando una vez más, a miles de mujeres que son violentadas y que hoy en día, al calor de la pandemia, se han visto expuestas al aumento de la violencia intrafamiliar. Y para finalizar, nombra como jefe de la División de Estudios del Ministerio, a Jorge Ruz, ex editor del diario La Cuarta, medio de comunicación reconocido por exaltar el sexismo, cargo que aún ostenta.

Pero el recambio, nuevamente es solo nominal, Mónica Zalaquett es la nueva apuesta del ejecutivo, una vez más militante UDI, que siendo diputada vota en contra del posnatal parental, se mostró abiertamente en contra de la Ley de aborto y en una de sus frases celebres plantea que una niña de 11 años es valiente por “decidir” ser madre.

¿Podemos pensar entonces, que la cartera quede nuevamente en manos de un partido que históricamente se ha negado a velar por la profundización y avance de los derechos de las mujeres? Está claro, que no. La derecha no podría representar en ninguna medida las demandas de las mujeres trabajadoras, quienes a la luz de la actual crisis política, sanitaria, económica y social, hemos vito agudizadas la doble y tiple explotación que vivimos. Por ello, necesitamos una institucionalidad que dé respuesta real a las diversas violencias que nos vemos enfrentadas, avanzando hacia una transformación estructural del modelo económico y social tan demandado históricamente por todas.

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