Sí, soy profe ¿y qué tanto?

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Confusión y pavor fueron las reacciones esperadas desde el mundo educativo cuando se informó la interrupción de clases presenciales en los centros educativos de Chile. No obstante, el inicio del confinamiento privilegiado desde la educación será descrito como un fuerte punto de inflexión en un futuro próximo. Hoy las escuelas de la nación entran en un confinamiento obligado, pero aún así con un trabajo más demandante que nunca: el trabajo remoto o teletrabajo. Como docentes nos hemos visto en la posición de reinventarnos obligatoriamente sobre la marcha, utilizando medios digitales para el contacto con las familias y escuela. Hemos sido testigos de las quebradas voces de aquellos apoderados o apoderadas que nos cuentan acongojados sobre la situación familiar, sobre la falta de alimento, sobre la preocupación de las tareas y la pérdida de la cordura en tiempos del cólera covid-19.

Frente a esta situación hemos escuchado como los guardianes de la política, conservadora y tradicional, han vilipendiado y menospreciado nuestra labor, mencionando públicamente que deberían rebajarnos el sueldo (el poco valorado que obtenemos) porque no estamos realizando “la pega”. ¿Adivinaron de quién hablo? Pues sí, ellos y ellas, confidentes de dictaduras y silentes en la justicia, son los mismos que hoy se enriquecen a costa de nosotros los pobres, los periféricos, los marginados. ¡Qué facil es hablar desde un estudio de televisión!. Pena e impotencia siento al ver esos discursos populistas y sinsentido ser usados como caballitos de batalla para que nosotros, los obreros/as y asalariados/as del país nos enemistemos una vez más. Sin embargo, hoy les quiero responder desde las trincheras de la educación. Desde la posición humilde de un docente que se ha enfrentado al virus y al gobierno por los suyos.

NO ESTAMOS DE VACACIONES NI DEJAMOS DE TRABAJAR. Colegas de mi país se han convertido en verdaderos héroes encubiertos de esta crisis sanitaria, al estar 12, 13 y hasta 15 horas trabajando para llegar a todos sus estudiantes. ¡Así es! Aquellos a quiénes llamaste flojos/as hoy se levantan a la misma hora que la laboral y trabajan el triple para dar lo mejor de sí. Imaginemos ahora a los colegas con familia e hijos, lo maratónico de sus jornadas, su limitado tiempo de familia, la incansable lucha contra la desigualdad. Eso no lo muestran, ni los medios ni los discursos. Sí muestran la labor realizada por los colegas que viajan 3 horas para mandar material educativo, romantizando la pobreza, inequidad y condiciones laborales. No se trata de vocación, se trata de dignidad, y eso hemos tratado de entregarles a sus hijos/as cada vez que nos vemos.

No se trata de tareas ni si se pudo conectar a clases o no, se trata de estar ahí. Ser presencia “presente” como diría un gran amigo y músico sanfelipeño. Es súper simple. Cambiaron las condiciones de trabajo, pero el rol del docente sigue estando en esencia, acompañando, conteniendo, queriendo y consolando. Nos hemos vuelto invisibles para quiénes nunca le importamos, pero sí hemos sido apreciados por aquellos que tanto nos cuestionaron. “Gracias por todo lo que hace profe”, “Gracias por escucharme, profe” ó “Profe cuídese mucho porque lo necesitamos” son algunas de las muestras de cariño que obtenemos a diario, sintiéndonos orgullosos por el rol que llevamos a cabo.

No queremos reconocimiento rimbombante ni salamero, ni menos que nos aplaudan a una hora establecida. Sólo quiero que sepan que los profesores y profesoras de Chile estaremos apoyando, conteniendo, escuchando y queriendo siempre, aunque en ello se nos vaya la vida.

¡Arriba los profes de Chile!

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