Los empresarios, la derecha y el Estado

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Carlos Miranda Rozas. Sociólogo, Magister y candidato a doctor en Historia

En estos día de pandemia, se han vuelto a escuchar voces que hablan de que el Estado debe “rescatar” a las grandes empresas en problemas como LATAM, lo que resulta paradójico, puesto que durante años se nos ha dicho que el Estado debe intervenir lo menos posible en la economía y se nos habla de la burocracia, de la ineficiencia y de otros clichés, que ya casi son parte del sentido común. Sin embargo, ahora que los grandes empresarios se vuelven a ver en problemas, recurren nuevamente al Estado para que vaya en su rescate

Esa situación ya la vivimos a principios de la década de 1980, cuando el Banco Central salvó a la banca privada, otorgándole recursos con facilidades de pago tan grandes, que por ejemplo el Banco de Chile termino de pagar recién el año pasado una deuda contraída casi 40 años antes y con tasas de interés irrisorias, totalmente contrapuestas a los usurarios intereses que pagamos por un préstamo los chilenos comunes y corrientes.

Si el Estado salvó a la banca en 1982 y ahora se pretende que salve a LATAM, ¿Por qué la derecha y los grandes gremios empresariales nos dicen que son partidarios de una intervención mínima del Estado? A mi entender eso lo hacen sencillamente para confundir y desviar la atención de que el problema no es el nivel de intervención del Estado en la economía, sino de a quien favorece esa intervención.

En este sentido si un gran empresario y sus defensores en la derecha (que muchas veces son en realidad la misma persona) fuesen honestos deberían decir: “nos gusta que el Estado intervenga poco en la economía y nos deje hacer lo que queramos, pero también nos gusta que el Estado nos subsidie lo que más se pueda, para aumentar nuestras ganancias y también nos gusta que nos salve si tenemos problemas”.

Si digieran lo anterior, serían unos cara dura, pero al menos serían honestos, porque al decirnos que no son partidarios de la intervención estatal, entonces ¿Por qué los empresarios microbuseros reciben gustosos el subsidio estatal al Transantiago?¿Por qué los empresarios de la educación suprior exigieron y lograron que el Estado becara también a sus estudiantes?¿Por qué aceptaron que el Estado los salvara en 1982?¿Por qué los empresarios de la construcción aceptan que su negocio de viviendas sociales lo financie el Estado? ¿Por qué aceptaron que el Estado les vendiera a precios inferiores a los del mercado las empresas públicas entre 1984 y 1989? ¿Por qué los empresarios de carreteras aceptan que sus ganancias las asegure por ley el Estado, independientemente de cuantos vehículos ocupen sus carreteras?¿Por qué los empresarios palteros y otros empresarios forestales aceptan el subsidio a la forestación que otorga el Estado?

La respuesta a esas (y otras) interrogantes es bastante sencilla: Porque es falso que no les gusta la intervención estatal. La intervención estatal les encanta cuando les permite hacer negocios que de otro modo no podrían hacer y no les gusta la intervención estatal cuando ésta busca regularlos, que no se coludan, que paguen los impuestos que corresponde pagar y que respeten los derechos de los trabajadores.

Por ello cuando escuchemos a un empresario o a alguien de derecha decir que no le gusta la intervención estatal, debemos responderle: “falso, lo que no les gusta es que el Estado les dificulte coludirse, robar, no respetar los derechos de los trabajadores, etc. Pero le encanta poder hacer negocios con plata del Estado o que el Estado asuma sus riesgos y pérdidas”

Asimismo cuando escuchemos a alguien creerse progresista, solo porque apoye alguna intervención estatal, debemos decirle: “no por el hecho de ser estatal significa que favorezca a las grandes mayorías, recuerde que durante mucho tiempo nos dijeron que eran progresistas porque daban bonos y proponían, por ejemplo, una AFP estatal”. Pero esto último ya es materia de otra columna.