MATERNIDAD Y TRABAJO EN TIEMPOS DE PANDEMIA.

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Más de 3 meses han pasado desde que el Gobierno tomó la decisión de cerrar los establecimientos educaciones en el país como una medida preventiva de propagación del COVID-19. De esta manera, colegios y salas cunas, que además de su rol educativo resultan ser parte de la red de apoyo para madres trabajadoras, dejaron de serlo.

Millones de chilenas se vieron en la obligación de reestructurar sus vidas, poniendo en evidencia el nulo rol del Estado en la promoción de políticas públicas que abarquen el tema de los cuidados, como forma de generar condiciones para que las mujeres accedan a la fuerza laboral en igualdad de condiciones que los hombres.

Si bien, la medida es adecuada desde el punto de vista sanitario, la confluencia de las tres formas de explotación a la que estamos sometidas no tardó en hacer crisis.  El trabajo doméstico, el de cuidados (ambos no remunerados y de carácter privado), sumado a las jornadas laborales (esfera pública). Las anteriores se han visto entremezcladas, añadiéndose un nuevo rol: modelar la educación formal de nuestros hijes, sin poseer las herramientas necesarias.  Por una parte, encontramos a quienes mantienen sus jornadas laborales a través trabajo remoto, pero que a su vez deben seguir cumpliendo sus labores domésticas sin una diferenciación de espacios ni tiempo y por otro, de aquellas mujeres que deben salir a laborar, siendo los casos más complejos, aquellas que lo deben hacer en trabajos informales, viéndose obligadas a arriesgar su salud y la de sus hijos e hijas.

Entonces, ¿La solución es reabrir los centros educacionales? Ciertamente no, los colegios no son guarderías. Aun así, luego de tres meses de crisis, no existe ninguna propuesta de parte del Gobierno con respecto al tema de los cuidados y las mujeres trabajadoras, sino que, todo lo contrario. Luego de planear la inconstitucionalidad del Post Natal de Emergencia (propuesta orientada a extender el tiempo de post natal durante la crisis sanitaria y que ya avanza en el Senado), Sebastián Piñera anuncia un proyecto de ley que permite a madres y padres cuidadores de niños y niñas menores de 6 años acogerse a “Ley de protección del empleo”, solicitando su rápida tramitación en el Congreso.

De esta manera, una vez más, el neoliberalismo se expresa y deja en manos de las trabajadoras la decisión de utilizar sus fondos del seguro de cesantía (que ya son menores debido a la baja remuneración que recibimos) para sostener la crisis social y económica que vivimos. Traspasando la responsabilidad de proteger la integridad de la población a “decisiones personales”. Decisiones prácticamente insostenibles, considerando la precariedad laboral a la que estamos sometidas y al gran porcentaje de mujeres jefas de hogar que se encuentran con un monto incapaz de cubrir las necesidades de una familia (que además disminuye en forma progresiva). Esto, sin mencionar que quedan fuera de este “beneficio” las madres trabajadoras del sector público, que no poseen seguro de cesantía, así como mujeres con trabajos informales y migrantes entre otras.

¿Cómo podríamos entonces resolver esta situación?

En el actual contexto, es inminentemente necesario re enfocar la base sobre las que se toman las decisiones, poniendo en el centro el bienestar y vida de las trabajadoras, por sobre el mercado. Asegurando desde el Estado un ingreso mínimo garantizado (sin letra chica) a todas las madres trabajadoras que se ven obligadas a cumplir esta triple jornada.

Por otro lado, y a largo plazo, establecer como una política pública, un Sistema Nacional de Cuidados, que permita repartir la pega que las mujeres casi exclusivamente realizan a cargo de las tareas del hogar, del cuidado de los y las hijas, y de los familiares no valentes o adultos(as) mayores. Esto, no sólo permite democratizar y liberarnos de esta responsabilidad histórica, y casi exclusiva, sino que implica una trasformación cultural de todos y todas.

Finalmente, es necesario avanzar en una discusión más de fondo con respecto a los derechos que deben existir en nuestra sociedad y en particular de las mujeres. Retomar el debate que veníamos desarrollando por una Nueva Constitución, que nos permita establecer un nuevo marco, donde el derecho a la salud y a una vida digna sean considerados fundamentales para todos y todas.

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