Ni una más pero la historia se vuelve a repetir por culpa del modelo socioeconómico

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Hoy nuevamente nuestro país se ha visto conmocionado ante el asesinato de Ámbar Cornejo, donde todos los programas televisivos, radiales y prensa escrita llenan sus pautas con líderes de opinión dando razón que tenemos un Estado con un sistema judicial que no ha respondido y no responde a los tiempos que necesitamos.

Pareciera que ser mujer, niña, niñe, adolescente y de bajos recursos económicos son sinónimos de la indiferencia por parte de los estamentos institucionales de los poderes principales que deben velar porque nuestra estructura social sea normal y sana.

Nada conmueve la violencia cuando vemos personal de Carabineros golpear mujeres adultas mayores vendiendo frutas y  verduras en las calles, cuando violan jóvenes en los calabozos, golpean y torturan en plena vía pública a menores por pedir rebajas de pasajes en El Metro. Por el contrario esa violencia se justifica.

Se nos ha hecho un hábito ignorar cuando fuerzas policiales golpean a mujeres mapuches y obreras temporeras que salen a las calles a trabajar y después protestar por el trato inhumano ejercido por una institución del Estado. O sino recordemos lo sucedido con Fabiola Campillai que perdió su vista  y ahora nadie dice nada con respecto a sus responsables.

Será que en Chile nos acostumbramos a tener una violencia enquistada desde lo que llamamos institucionalidad para nuestra propia sociedad y en especial hacia los más pobres, que viven afectados por las estructuras sociales, construidas desde los propios modelos económicos.

Hoy le hemos fallado a una niña que está sin vida y por lo mismo es muy importante que avancemos en desprendernos de todos los tipos de violencias que existen en nuestro país y en especial hacia las mujeres, se hace necesario hablar en serio sobre políticas públicas en materias preventivas para todos aquellos que están desprotegidos.

Se hace necesario tener instituciones que cuenten con real alcance para aquellos que más lo necesitan o que requieren que el Estado esté presente y no ausente como lo fue el caso de Ámbar Cornejo y no justificar con discursos de buena labia y que pasadas las semanas nadie se acuerda de estos casos hasta cuando nuevamente se vuelve a repetir una acción de alta connotación como lo fue el crimen de esta menor.

Debemos ser claros en construir poblaciones dignas para nuestros habitantes, brindarles una buena educación, brindar una buena salud pública, brindar los respaldos psicosociales en todos sus estamentos, a las familias postergadas brindarles las tutorías necesarias para que no ocurran hechos deleznables como la violencia intrafamiliar.

De esa manera, podremos salir de esta lacra en donde los pobres se les ha convencido de que fueron de clase social media, les convencieron de que podían comprometerse con el consumismo y todos sus entornos negativos que esto conlleva con el autoengaño de ser personas con estatus socioeconómicos medioalto.

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