El 18 de octubre del pueblo y el 15 de noviembre de la élite

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Hace más de un año el pueblo de Chile se levantó de forma valiente contra el modelo chileno basado en los privilegios, la desigualdad y las injusticas sociales. Este levantamiento también fue contra la élite que lo ha mantenido y defendido a toda costa a través de atroces violaciones a los derechos humanos, represión y violencia policial. Pese a que la movilización también era contra ellos, los transversales representantes políticos de este grupo han buscado desesperadamente tomar el control del estallido social con el fin de debilitarlo e institucionalizarlo buscando que este perdiera su capacidad transformadora.

El punto máximo de expresión de la unidad de la élite para controlar el estallido social se dio el 15 de noviembre del año pasado cuando firmaron un acuerdo que buscaba canalizar la movilización social a través de la instauración de un proceso constituyente. A esto se sumaron compromisos de criminalizar la protesta social, que se plasmaron en leyes represivas como la “ley antibarricadas” y un compromiso de impunidad que se ha visto con el salvataje permanente de personeros de “centro izquierda” a políticos del gobierno que tienen responsabilidad en las violaciones a los DD. HH; como lo hicieron hoy con Pérez.

Este acuerdo, que se firmó además sin ninguna representación de la gente movilizada, dejó un quorum de amarre de 2/3 para los acuerdos de la nueva carta magna que es una extensión de la política de los consensos con que gobernó la derecha y la concertación durante 30 años y que, precisamente, generó esta crisis. Este amarre previo es gravísimo dado que limita el poder al único real soberano del proceso constitucional, que es el pueblo, quien reunido una vez iniciada la convención debería definir este tema.

Pese a toda la evidencia de que jamás la ciudadanía movilizada le pidió a la élite la firma de este acuerdo, esta ha intentado construir la idea de que fue gracias a ellos que se podrá cambiar la constitución y, en lo más delirante, plantean que las mayorías que generaron las condiciones, mas no estuvieron presentes, en esta “cocina” no pueden proponer mejoras ni presionar para instalar los temas que importan al movimiento popular.

Los dos hechos anteriores demuestran que la soberbia de la élite es un impedimento real para el avance del campo social, por que el afirmar que solo el acuerdo permitió la ocurrencia del proceso constitucional es un análisis antojadizo. Nadie sabe que hubiera pasado si el estallido no hubiera sido interrumpido por este cortafuegos. Si se ve, por ejemplo, lo que pasó en Perú, la revuelta podría haber terminado con la salida del presidente y la realización de elecciones anticipadas, que es precisamente lo que estuvo también en el fondo de este acuerdo, salvar al Piñera, que es un miembro más de esta élite.

Queda claro, entonces, que quienes queremos cambiar de verdad este país para que todas, todos y todes podamos vivir mejor, no podemos hacerlo en alianzas gratuitas con quienes cuando tuvieron la oportunidad salvaron, y lo siguen haciendo, a la élite, sus representantes y sus privilegios. La única forma de que todo el esfuerzo del pueblo tenga buenos resultados es ser siempre fiel a sus designios y, principalmente, seguir movilizados.